La revolución no querida
Aunque tienda a ignorarse, las revoluciones tienden a venir alentadas por ideas. Y no en pocas ocasiones son personajes de la cultura los que promueven el cambio. Literatos, científicos, filósofos, artistas, que con su firma y sus creaciones impulsan grandes cambios sociales. Crean utopías, lanzan propuestas y críticas y alientan grandes transformaciones sociales. Todo ello con la esperanza puesta en un mundo mejor. No obstante, no son pocas las ocasiones en las que el resultado final no es el esperado. Al revés: se construyen proyectos políticos ideales que desembocan en situaciones contrarias a lo pretendido. Ya lo advirtió Orwell hace algunos años: las promesas de mundos mejores conducen a veces al totalitarismo. La quimera del intelectual, el experimento filosófico, trae consecuencias trágicas, inesperadas. No es arriesgado afirmar que más de una vez habrá pasado por la cabeza de alguno de los promotores de la revolución: “No era esto lo que se pretendía”.


