Del liberalismo a la imbecilidad moral
Vivimos en sociedades liberales. Esto quiere decir, entre otras cosas, que el poder político debe trabajar para preservar la libertad individual. Una libertad entendida en sentido “negativo”: que nadie se inmiscuya en mi vida privada. Lo público se instaura así como una protección de lo privado. Claro, que este liberalismo no puede ser extremo: el estado ha de establecer ciertas leyes y ha de crear organismos para que la convivencia entre individuos pueda darse en términos de justicia. Cuánto interviene el Estado en la vida pública es una de las cuestiones que separan a los liberales (supuetamente partidos “de derechas”) de los socialistas (supuestamente partidos “de izquierdas). Los liberales defienden la “no intervención”, mientras que los socialistas abogan por el intervencionismo. Y todo esto ¿a cuento de qué? Pues a cuento de uno de los últimos ejemplos que se pueden encontrar de un liberalismo mal entendido: las declaraciones de Aznar durante la semana pasada al recibir un premio de los productores de vino Seguir leyendo…


