¿Podría romperse Europa?
Pensar y proyectar Europa es uno de los mayores desafíos que tienen planteado los líderes políticos de nuestro continente. No sólo porque las últimas décadas de nuestra historia estén escritas en clave europea. Fundamentalmente hay una razón aún más poderosa: nuestra civilización no se entiende sin esta unión que es cultural antes que política. La filosofía, el arte y la ciencia están impregnadas del intercambio y la búsqueda común. Sin que esto pretenda esconder el conflicto: si algo nos ha unido en los últimos siglos ha sido precisamente la guerra. Las cicatrices de los mapas y los pueblos suturan tanto como las fronteras: lo que nos ha venido separando es lo que tiene también que unirnos, al menos en el acuerdo de que la agresión no vuelva a repetirse. Quizás la Unión Europea sea la consecuencia lógica de ser ya pueblos viejos de historia rancia: después de tanto golpearse, ya no les queda más opción que emprender el camino juntos.


