Corrupción y democracia
Uno de los apuntes más “jugosos” de las elecciones que se acaban de celebrar es, a mi entender, los resultados de las comunidades autónomas, cuyos dirigentes estaban bajo sospecha por la sombra de la corrupción. Algo que se ha mirado con estupor y bochorno cuando ha ocurrido en otros países como Italia, y que ahora tenemos que ir asimilando. Por muy cierto que sea que el caso italiano y el español no son totalmente idénticos, el caso es que varias comunidades autónomas seguirán siendo gobernadas por líderes políticos que están o han estado imputados en causas por corrupción política. Para los de un lado, este es un síntoma de la debilidad y fragilidad de la democracia. Otros pensarán que es precisamente una de sus fortalezas. No hay duda de que, en cualquier caso, es uno de los aspectos sobre los que reflexionar, en tanto que de una forma u otra interactúan tres pilares de la democracia: los medios de comunicación, el poder judicial y la honestidad de los políticos. No hay que olvidar la guinda del pastel: la percepción ciudadana de dicha interacción.


