Ciencia y verdad
Una de las ideas dominantes en nuestro tiempo es la que identifica ciencia con verdad. Se trata probablemente de uno de los prejuicios que más daño hacen a la propia ciencia en tanto que distorsiona su actividad real, objetivos y condiciones. Pero a la vez son a veces los propios científicos los que la respaldan, presentando sus conclusiones y trabajos de una forma un tanto dogmática. Algo que habitualmente hacen, de manera llamativa, cuando desbordan los ámbitos de su propia actividad: si se adentran, pongamos por caso, en cuestiones filosóficas, parecen dejar de lado el rigor y la sistematicidad que les caracterizan, para defender sus ideas con una pasión más que dudosa. El caso es que el problema de la fundamentación de la verdad del conocimiento científico ha traído en jaque a los filósofos durante muchos siglos, y ha cobrado una especial relevancia en las últimas décadas. Es sin duda esta una de las características más curiosas de nuestro tiempo: con mucha frecuencia la sociedad da por sentadas cosas que aún se siguen discutiendo entre especialistas, lo cual no parece importar demasiado.



Contar entre el grupo de amigos con gentes que no se dedican ni a la docencia ni a la filosofía es para muchas cosas una suerte. Para empezar, no se habla de la educación (a no ser que saque yo el tema…) y para continuar suelen salir bromas y chanzas relacionadas indirectamente con la filosofía, lo que ayuda a poner los pies en el suelo. Expresiones que tienen su gracia, o al menos a mí me lo parece: para ellos