De fronteras, leyes y universales humanos
La canción de hoy no necesita presentación. Basta escucharla para sacarle ideas, actualidad y vigencia. Todo un compendio de ciudadanía en poco más de cuatro minutos (de hecho, contacté en su día con el autor que atorizó que la canción apareciera en Ética para el ciudadano del siglo XXI). Fronteras artificiales frente a universales humanos, como la amistad, el amor, la nostalgia, el hambre, la necesidad… ¿Alguien es extranjero de la categoría humana? A lo mejor lo son, paradójicamente, los que se empeñan en la distinción y la separación.
- Autor: Rafael Amor
- Canción: No me llames extranjero



Los poetas y literatos han subrayado en numerosas ocasiones que nunca dejamos de ser el niño que fuimos, o incluso que merece la pena no permitir que se pierda jamás el niño que todos llevamos dentro. Ideas que vienen a reivindicar la infancia como un tiempo dorado, como una felicidad irrepetible basada, hasta cierto punto, en la inconsciencia y en la ingenuidad. Ir creciendo es ir asumiendo el mundo, con todas sus aristas, matices, luces y sombras. Todo esto no impide que por debajo de esta reivindicación viva una idealización y quizás un olvido de lo que fuimos. Una consecuencia natural del salto a la mayoría de la edad: como si bastara con cumplir 18 años (o alguno más, ahora que la adolescencia se prolonga) para quedar todos igualados por ese gris uniforme que denominamos “edad adulta”.