Cuando Schopenhauer encontró a Hegel
Uno de los juicios habituales hacia la filosofía incide en el tremendo aburrimiento que provoca. Un producto soporífero creado por gente insulsa. Así se suele concebir la filosofía, quizás porque se tenga tan sólo una visión superficial de la misma o porque no se haya dado con la lectura y el autor adecuados. Los grandes filósofos de la historia son considerados gente anodina, con una vida gris, en la que no ocurre nada realmente interesante. Muchos de los que estudian filosofía obligados por el sistema educativo se preguntan cómo ha podido existir gente empeñada en dedicar su vida a cuestiones tan irrelevantes como las filosóficas. Y lo que es peor: resulta inconcebible que sigan aún entregando su tiempo a preguntas que quizás nunca encuentren respuesta. La filosofía: una discusión de guante blanco tan monótona como irrelevante.



Alguna persona imaginativa podría pensar que hoy sacaremos las críticas más aceradas en contra de una práctica tan extendida entre la juventud española (quizás como pura mímesis de los adultos que los educan) como es el botellón. Nada más lejos de mi intención. Es otra la botella a la que queremos darle alguna que otra vuelta hoy: hablaremos de la botella de la vida. Sé que la metáfora no es de las más lúcidas, y a buen seguro habrá por ahí quien esté más que dispuesto a mejorarla. Pero vamos al tema, que no es otro que la botella. La misma que en los juegos adolescentes gira sin parar hasta señalar al afortunado que tendrá que superar una prueba o recibir un beso del anterior elegido (o elegida, dependiendo de gustos y tendencias). El azar salvífico o condenatorio, que puede llegar a decantar el curso de nuestra vida. El cuello de botella trastocado en índice señalador de destinos, organizador de experiencias y vivencias. Somos, en cierto modo, lo que vivimos. Y esto nos hace ver la botella de varias maneras distintas.
Contar entre el grupo de amigos con gentes que no se dedican ni a la docencia ni a la filosofía es para muchas cosas una suerte. Para empezar, no se habla de la educación (a no ser que saque yo el tema…) y para continuar suelen salir bromas y chanzas relacionadas indirectamente con la filosofía, lo que ayuda a poner los pies en el suelo. Expresiones que tienen su gracia, o al menos a mí me lo parece: para ellos