Abre los ojos
Nunca somos suficientemente conscientes de nuestra dependencia del cuerpo o la imagen hasta que empiezan a fallarnos. Solemos criticar abiertamente y no sin cierta razón, la superficialidad de los tiempos que vivimos: la dependencia de la apariencia física, el culto al cuerpo… todos hemos oído más de una vez que esta vida moderna que nos crea y nos arrastra crea una falsa escala de valores. El protagonista de Abre los ojos podría considerarse como un prototipo de esta forma de vida. Todo le marcha bien hasta que sufre un accidente y su vida se empieza a complicar. Hasta aquí, nada nuevo: hay tragedias “frecuentes” que encajan a la perfección con el inicio de la película, y que muestran la fragilidad de la aparentemente sólida e inquebrantable vida cotidiana. El planteamiento inicial de la película nos sirve para tomar conciencia de dos cosas: ha ocurrido algo extraño (imposible ver la gran vía vacía) y el punto de partida para entederlo es un accidente de tráfico, similar a los que desgraciadamente ocurren en nuestras carreteras. En la ficción (y a veces también en la realidad), los accidentes suelen significar puntos de inflexión en el desarrollo de la historia, y la película no es una excepción.


