Pressing catch
Hay recuerdos que marcan a toda una generación, para bien y para mal. Canciones, programas televisivos, glorias deportivas… imágenes que se guardan en la retina para siempre. Mi adolescencia y la de otros tantos millones fue invadida no hace tiempo por un nuevo “deporte” que venía de los EEUU: el “pressing catch”. La cosa era sencilla: varios cachas salían a un cuadrilatero y se zumbaban unos cuantos tortazos, codazos y patadas, hasta derribar al enemigo. Si el árbitro salía libre de recibir algún sopapo velaba por la limpieza de los golpes y determinaba el ganador. El asunto era espectacular y provocaba encendidas conversaciones en el patio del colegio: que si vaya estacazo le ha metido el último guerrero al enterrador, que si el golpe secreto de este luchador es mejor que el de aquel… y de fondo una sospecha frustrante: había quienes decían que los golpes eran de mentira, que no se hacían daño. Se trataba de un puro teatro, como la vida misma.


