Los amores de Platón
Si Platón oyera hablar del amor platónico se moriría de la risa, porque se trata de una de esas expresiones que pasan a la historia sin ningún tipo de rigor. En ninguno de sus diálogos habla el autor griego de ese amor imposible e idealizado que solemos asociar con la dichosa expresión que, por vericuetos poco claros, alcanzó un alto grado de expansión durante el Renacimiento y ha llegado hasta nuestros días. Ni siquiera me parece muy adecuado hablar de la teoría platónica del amor: aunque aborde el tema en varios diálogos, no creo que haya un desarrollo suficientemente amplio y sistemático como para hablar de una teoría en sentido estricto. Lo que sí nos regala es una intervención de Sócrates en el Banquete, en la que establece cierta similitud entre el amor y la sabiduría. En cierta manera, viene a decirnos el maestro de Platón, el amor es una extraña mezcla de riqueza y miseria, sabiduría e ignorancia. Es un deseo de belleza y bondad, por lo que el amor ha de ser una forma de ser mejores, de perfeccionarnos. Nada que ver con el amor platónico y mucho menos con los amores actuales.



Situar en medio de la discusión filosófica la que es considerada una de las mejores películas de la historia del cine puede ser considerado una osadía. Se ha escrito mucho sobre el rodaje, los actores, la forma “improvisada” de sacar la película adelante… no son pocos los que han señalado que la película y su éxito consiguiente fueron fruto de la casualidad. Azar o no, el caso es que nos encontramos ante una de esas películas ante las que crítica y público unen sus voces y coinciden en señalarla como excelente. No dudo que haya motivos técnicos para ello, pero quizás haya también otros que pueden explicar el suceso: los temas que aparecen en la película. Hay universales humanos que por mucho que cambien los tiempos estarán siempre presentes: de ellos se nutre la literatura, la filosofía y el arte en general. Uno de ellos, sin duda, es el amor. Estamos, probablemente, ante el motivo que más veces ha movido al ser humano a actuar y ante uno de los temas esenciales del arte. ¿Qué quedaría de la pintura, la literatura y el cine si le arrebatamos el amor como uno de sus temas?
Nuestro prolijo