La integridad de la obra de arte
Que los objetos artísticos poseen una capacidad simbólica parece fuera de toda duda: observando atentamente el legado de pintores, escultores o arquitectos somos transportados a nuevos significados, a maneras de ver el mundo. El arte nos transmite mensajes, es capaz de llevar dentro de sí una fuerza comunicativa irreductible al lenguaje oral o escrito. En definitiva: el arte es capaz de mostrarnos el mundo e incluso de construir uno nuevo. Lo asombroso del asunto es que ni siquiera necesitamos una obra de arte completa para que se ponga en funcionamiento este proceso simbólico: la ruina y el fragmento son más que suficientes. Si pensamos, por poner un ejemplo, en la Venus de Milo no necesitamos que los brazos estén presentes para dejarnos maravillar por la escultura. Cuando es artística, hasta la ruina es capaz de maravillarnos, lo cual nos lleva a pensar en la integridad de la obra de arte: ¿Cuáles son las características indispensables para que una obra de arte siga siéndolo, para que no pierda su poder evocador?


