Arte de mierda…
Hace unos días nos ponía cierta sonrisa en la boca la limpadora de un museo de Dortmund que había destrozado una obra de arte valorada en 800.000 euros. No es la primera vez que un suceso de este tipo aparece en los periódicos. Tan llamativo o más que el hecho en sí es la reacción que causa en la mayoría: en una gran minoría, preocupación y escándalo, mientras que una gran mayoría verá el asunto con indiferencia o incluso con sorna. Cualquier visitante habitual de los museos de arte contemporáneo que por el mundo habitan habrá pensado: “pues mira qué bien, con la de veces que me hubiera gustado a mi hacer lo mismo“. Y es que el escándalo no es muy de recibo: si buena parte de la producción del arte contemporáneo renuncia a tomarse muy en serio a sí mismo, no hay motivo para la indignación.


