Las buenas costumbres
Una de las primeras enseñanzas (y de las más importantes) que recibimos desde pequeños es la de la socialización. Tenemos que aprender a vivir con los demás y esto implica cumplir una serie de normas morales, lo que incluye la puesta práctica de códigos que no siempre están escritos. Hay formas de vida que valen por el simple hecho de que todos los días se están ratificando en la vida cotidiana, sin necesidad de largos discursos, votaciones o disquisiciones teóricas. Un ejemplo de esto es lo que se ha dado en llamar “buenos modales”, un repertorio de gestos, actitudes y comportamientos que deben ser observados si realmente queremos formar parte de la sociedad sin estridencias, sin ser considerados bichos raros. Existen textos que recogen estas costumbres, pero no son una lectura urgente en tanto que nuestro propio entorno (padres, profesores, amigos…) nos está diciendo qué es lo que debemos hacer para comportarnos adecuadamente. La cuestión que quería poner hoy sobre la mesa es la de la relación entre esta “buena educación” y la moral: ¿Es comportarse correctamente garantía de ser moralmente bueno?


