Un problema genérico
Distinguir la ciencia de la pseudociencia es uno de los problemas clásicos de la filosofía. El propio planteamiento implica ya una toma de partido: la ciencia es “lo bueno”, “lo verdadero”, mientras que la pseudociencia es “lo malo” y “lo falso”. Así, sin mayores explicaciones ni desarrollos. Se trata de fijar un criterio que separe lo que tiene que estar de un lado, de todo aquello que pretende engañarnos, hacerse pasar por lo que no es. Para eso está la comunidad científica y la academia: para decir que lo que ellos hacen es ciencia, mientras que lo que hacen los demás no lo es. Todo sería sencillo, y estaríamos de acuerdo, si tenemos que elegir entre el tarot y la astronomía, el horóscopo y la física. Pero el asunto se complica cuando posamos nuestros ojos sobre la medicina naturista, la homeopatía o la acupuntura. Y se termina de enrevesar cuando incluso la propia ciencia toma apariencia de pseudociencia. Me estoy refiriendo a un tema que no deja de estar en boca de la gente: los medicamentos genéricos.



El transcurrir de la historia de la ciencia nos deja episodios diversos en los que aparece una valoración del hacer científico en función de la sencillez o complejidad de las teorías. En los tiempos en los que al ciencia estuvo ligada a la religión, las teorías sencillas eran preferidas, pues mostraban la claridad de la mente divina. La sencilla estructura cosmológica de Aristóteles podía cuajar sin problemas con el pensamiento religioso. Los dioses no se complicaban la vida: un sistema de esferas y dos zonas bien distintas (la perfecta y divina frente a la corruptible y material). A medida que el modelo se va complicando, da la sensación de que no fuera tan preclara la mente del supuesto ser superior. Cuando Ptolomeo añade nuevos instrumentos teóricos a la cosmología habrá que decir que la complejidad de la teoría es un signo de la infinita inteligencia de Dios, capaz de crear de un modo indescifrable, al alcance de unas pocas mentes privilegiadas. El caso es que las teorías científicas recibían valoraciones cercanas a las estética por motivaciones puramente teológicas.
Comentábamos hace unos días en la clase de CTS las diferentes concepciones del universo. Siguiendo los apuntes elaborados por
Se venía hablando de ello en los últimos años y hace casi dos meses saltaba la noticia del