De teorías científicas y su elegancia
El transcurrir de la historia de la ciencia nos deja episodios diversos en los que aparece una valoración del hacer científico en función de la sencillez o complejidad de las teorías. En los tiempos en los que al ciencia estuvo ligada a la religión, las teorías sencillas eran preferidas, pues mostraban la claridad de la mente divina. La sencilla estructura cosmológica de Aristóteles podía cuajar sin problemas con el pensamiento religioso. Los dioses no se complicaban la vida: un sistema de esferas y dos zonas bien distintas (la perfecta y divina frente a la corruptible y material). A medida que el modelo se va complicando, da la sensación de que no fuera tan preclara la mente del supuesto ser superior. Cuando Ptolomeo añade nuevos instrumentos teóricos a la cosmología habrá que decir que la complejidad de la teoría es un signo de la infinita inteligencia de Dios, capaz de crear de un modo indescifrable, al alcance de unas pocas mentes privilegiadas. El caso es que las teorías científicas recibían valoraciones cercanas a las estética por motivaciones puramente teológicas.


