El poder de los nombres
Acostumbrados como estamos a llamar las cosas por su nombre, no nos damos cuenta del enorme poder que nos confiere el lenguaje. Circunstancia de la que eran plenamente conscientes nuestros antepasados: en diversas mitologías los nombres tienen un carácter prácticamente divino. Se trata de herramientas tan prodigiosas que sólo los dioses pueden ser sus artífices: o bien son ellos los encargados de crear las cosas nombrándolas, o bien ceden el privilegio a los hombres, con que ya se está marcando la frontera respecto al resto de animales. Nombrar las cosas: algo tan aparentemente sencillo mantiene hoy connotaciones trascendentales, aunque no solemos reparar en ellas. Los padres que van a alumbrar un nuevo ser cavilan sobre su nombre, pensando en la influencia que este puede tener a lo largo de la vida del recién nacido. Algunos de ellos son descartados para evitar cualquier parecido con tal o cual persona que se llama de la misma manera, mientras que algunos de los escogidos suelen incluir significados simbólicos. Un nombre es también un destino, una vida. En otras palabras: los nombres son mágicos.


