La vida educativa está llena de instituciones que pretenden extender las reglas de la democracia al sistema educativo: claustro de profesores, elección de delegados, consejo escolar, comisión de convivencia, comisión económica, comisión de coordinación pedagógica, departamentos didácticos… El profesorado vive una parte no insignificante de su vida laboral reunido. Con otros compañeros, con padres, con alumnos, con equipos directivos. La vida educativa está llena de espacios para la participación a los que se quiere exportar, sin una reflexión previa, el funcionamiento político de la democracia. Existen asociaciones de madres y padres, de alumnos, comisiones de lo más variado, y en todos ellos la regla de la mayoría es el criterio de decisión adoptado. Aquellas viejas barreras entre profesores, alumnos y padres han quedado obsoletas: todos somos ahora ocupantes de un mismo barco, en el que los rumbos vienen marcados por el famoso 51% o, si este no es posible por una mayoría simple, que no es lo mismo pero es igual. Seguir leyendo…