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23 de Marzo de 2011

Leer (filosóficamente) una guerra

Advertencia: Esta anotación no es, ni mucho menos, una valoración de la decisión del gobierno de participar activamente en la guerra de Libia, considerada por algunos sectores de la sociedad una acción humanitaria. Lo que interesa en esta ocasión es que la guerra y el discurso que la acompaña puede interpretarse desde algunas de las cuestiones candentes en el mundo del pensamiento. La cuestión de hoy en esta bitácora no es un sí o un no a la guerra, es decir, una toma de postura desde la filosofía hacia la acción armada. Démosle la vuelta: veamos cómo afecta la guerra a la propia filosofía. Puede que nos demos cuenta de que la discusión filosófica da vueltas a temas que se responden en el plano de los hechos. La primera de ellas: el relativismo cultural. Se trata de uno de los discursos filosóficos dominantes. Todas las culturas valen lo mismo, y de aquí se desprenden actitudes como la tolerancia o el respeto, mimbres indispensabes de la gran unión cosmopolita de pueblos de la que nos habla Kant, que no era precisamente un relativista. Primera cuestión filosófica que despeja la guerra: todas las culturas no valen lo mismo.

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Publicado en Actualidad | 23/Mar/2011 | 15:56 | (3) comentarios | (0) trackbacks
3 de Noviembre de 2010

Gobernar lo ingobernable

Todos estamos seguros de que la democracia es el menos malo de los sistemas posibles. Ningún otro de los diferentes sistemas políticos que se han implantado a lo largo de la historia ha demostrado ser más respetuoso con la dignidad del ser humano y los derechos esenciales que le corresponden. Los ciudadanos no participan directamente del gobierno, pero al menos tienen la opción de manifestarse al respecto cada cierto tiempo. Las diferentes votaciones que caracterizan la democracia son también ocasiones para influir de una manera un tanto vaga y difusa en la organización de la sociedad, pese a que una de las quejas más habituales apunta precisamente a la anulación del individuo, al abismo que se abre entre la papeleta en la urna y lo que ocurre en los siguientes años, en los que un grupo de individuos se sienten legitimados para tomar las decisiones que consideren oportunas. Sabemos que votamos a partidos, grandes corporaciones especializadas en política, y que no podemos asegurar qué van a hacer durante su mandato. Criticamos las instituciones democráticas, y en rara ocasión miramos hacia nosotros mismos. Hagámoslo hoy.

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Publicado en Filosofía | 3/Nov/2010 | 15:19 | (1) comentario | (0) trackbacks
11 de Enero de 2010

Democracia y autoridad

Cualquier ciudad de un estado democrático: un autobús no puede acceder a la parada, ya que un coche rojo de linea deportiva ocupa su espacio. El conductor pita y el coche comienza a moverse pero no lo suficiente. Unas veinte personas se arremolinan en la puerta para ir subiendo, mientras otros tantos van bajando. El claxon vuelve a entrar en funcionamiento, mientras un joven de unos 20 años entra al coche. Antes de montar se dirige al conductor y le grita: “¡Cállate hijo de puta!”. No contento con eso, mientras el coche inicia la marcha se vuelve hacia la parte de atrás mostrándole su dedo corazón. El ejemplo es puramente anecdótico. El caso es que podríamos poner otros muchos tomados de nuestra experiencia cotidiana de la “convivencia” con otros seres humanos. Si esta es la realidad de la calle, la risa tiene que asaltarnos cuando se abren sesudas discusiones sobre la “autoridad” del profesorado. Así que vamos a simplificar un poco el asunto y a afrontar un tema que debería ser más sencillo: el la autoridad en las sociedades democráticas. ¿Dónde queda la autoridad del conductor del autobús que es insultado delante de todo el que pase por allí? La democracia le ofrece totales garantías: poner una denuncia a no se sabe quién, y pasar por un largo proceso judicial lleno de trámites en el que finalmente un juez tirará paternalmente de las orejas al infractor. No hombre, no está bien insultar al conductor.

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Publicado en Filosofía | 11/Ene/2010 | 14:41 | Añade tu comentario | (0) trackbacks
16 de Octubre de 2009

G.K. Chesterton

“Rechazo, con gestos violentos, esa democracia deprimente y maliciosa que consiste en declarar que un trono no es más que una silla. La verdadera democracia consiste en declarar que toda silla es un trono”
(G.K. Chesterton, Correr tras el propio sombrero [y otros ensayos])

Publicado en Pildoritas filosóficas | 16/Oct/2009 | 09:52 | (1) comentario | (1) trackbacks
18 de Marzo de 2009

Cinco decisiones antidemocráticas en la era de la democracia

Se dice que vivimos en democracia: todos queremos ser demócratas, y cualquier decisión es considerada sospechosa cuando se la denomina “antidemocrática”. Ir en contra de cualquiera de sus principios o del pensamiento dominante tiene como premio ineludible el calificativo de “fascista“. Como la contracorriente hace que se sienta uno vivo y es actitud que gusta cultivar por estos lares, aparecen a continuación cinco decisiones de nuestra historia reciente que pueden considerarse antidemocráticas por diferentes motivos que aparecen justificados en cada caso. En alguna de ellas, el argumento principal empleado en su momento es una falacia de las que solían estudiarse en 1º de bachillerato, cuando el ministerio permitía explicar lógica:

  1. La guerra de Irak: aventurarse en una guerra cuando una aplastante mayoría de la sociedad está en contra es cuando menos cuestionable. Las consecuencias de las decisiones que carecen de legitimidad fueron comprobadas al poco tiempo.
  2. La ley del aborto: querer convertir la democracia en tecnocracia escudándose en los expertos es falaz. posiblemente se puede engañar a la mayoría, pero cualquiera que haya estudiado las falacias sabe que algo no es verdad por el hecho de que lo diga un “experto”. Y mucho menos en el terreno moral: podemos estar a favor o en contra, pero no presentando a “expertos” como autoridades. Este truco quedó desarmado hace más de cuatro siglos.
  3. El plan de Bolonia: lo comentábamos ya hace unos días. La gestión elitista y aristocrática de leyes de profundo calado en la Unión Europea debería ser un proceso mucho más abierto a la participación. Europa no puede ser la razón esgrimida: las medidas serán o no racionales, adecuadas, positivas… independientemente de que provengan de Europa.
  4. Los pactos de gobierno: tras las elecciones, los políticos de todos los colores y partidos toman la parte por el todo. Bajo frases altisonantes como “el pueblo quiere que” o “el pueblo ha hablado”, esconden sus propias estrategias, intereses y necesidades.
  5. Emplear la mayoría absoluta en beneficio propio: si un grupo parlamentario cierra una comisión de investigación por mayoría sin que ésta haya llegado hasta el final, parece que el proceso puede denominarse de muchas maneras pero nunca democrático. ¿Debería el propio sistema delimitar las decisiones que puede tomar un partido que cuenta con mayoría absoluta? Los gobiernos de coalición tienen su gracia: hay quien encuentra tremendamente divertido ver cómo los partidos que se detestan terminan necesitándose mutuamente. Toda una imagen de la vida en sociedad.
Publicado en Listas para pensar | 18/Mar/2009 | 13:37 | (1) comentario | (1) trackbacks

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