2028, año clave
Este fin de semana hemos sabido que, de cara a las próximas elecciones generales, el PSOE propondrá el cierre de las centrales nucleares en 2028. Cuesta creerse las propuestas de los políticos a cuatro años vista, por lo que se hace difícil dar el mínimo crédito a quien asegura que tomará tal o cual decisión dentro de diecisiete años. Pero no quisiera poner en duda hoy la honestidad y sinceridad de los políticos, ni tampoco entrar en el debate energético. El tema de hoy es bien distinto, y tiene que ver más con los plazos y tiempos de la democracia. Es muy significativo que aparezcan medidas a tan largo plazo. No tanto por la desconfianza o el entusiasmo que puedan generar en el electorado cuanto por una cuestión bien distinta: es más que posible que algunas de las cuestiones de la política nacional requieran, efectivamente, medidas a largo plazo. Sin embargo, el propio sistema nos obliga a una miopía cortoplacista: como “vemos mal de lejos”, somos incapaces de planificarnos en un periodo tan largo. ¿Es adecuada la democracia para este tipo de problemas o decisiones?


