La inflación de la imagen
Si no teníamos bastante con esa gran mentira de que “una imagen vale más que mil palabras”, el desarrollo tecnológico ha desatado unas consecuencias en lo relativo a la imagen que merece la pena comentar. Todo ello jalonado por 3 productos tencológicos que nos han facilitado mucho más la producción fotográfica: la cámara digital, la cámara integrada en el móvil, y la posibilidad de grabar vídeos con el mismo aparato. Con tan grandes maravillas, el coste de una fotografía se reduce prácticamente a cero: se gasta energía, sí, pero poca, y pese a toda la conciencia ecológica que se va extendiendo, no es una prioridad para nadie el pensar en la energía que se gasta para “inmortalizar” una imagen. Por mucho que haya escenas que no merecen el dichoso “click” de la cámara, pero eso es otro cantar. Vayamos entonces al grano: de tantas y tantas fotos que hacemos no todas merecen la pena y sin embargo muchas de ellas terminan poblando nuestros discos duros. Tenemos fotos absolutamente de todo, sin importar la calidad de las mismas, la importancia de lo fotografiado y sin importar si quiera si algún día tendremos tiempo de revisar tanta fotografía.


