Libres e iguales por naturaleza
Según el artículo 1 de la Declaración Universal de los derechos humanos,
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
El artículo parte de una afirmación de principios: todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Como si tal cosa fuera una cuestión de hecho, algo empíricamente comprobable. Si esto fuera verdad, sería absolutamente equiparable nacer en un país o en otro, hacerlo en una familia de una clase social u otra. Quien redactó el texto pensaría, probablemente, que las diferencias económicas, sociales y políticas no tienen nada que ver con la dignidad de cada ser humano y tampoco con los derechos que cada uno de ellos puede disfrutar. De esta manera, la libertad y la igualdad quedarían garantizadas en tanto que pertenecemos a la especie humana.


