Una tierra sin mañana
Cuantas veces decimos que los jóvenes son el futuro de la sociedad. Y así es, efectivamente, incluso en un sentido puramente biológico. Que se lo digan si no a tantos pueblos que se han desdibujado por la pérdida paulatina de población. De una forma primaria y como condición necesaria el relevo generacional es indispensable. Sin embargo, el ser humano no suele conformarse con estar, con ser. Queremos estar mejor, ser mejores. Llegar a saber qué necesitamos para vivir mejor, para ser una sociedad mejor es algo un tanto complicado. Una vez garantizada la existencia de un número significativo de adultos en la sociedad del futuro, ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos construir hoy con la vista puesta en la vida en común del mañana? ¿Qué queremos dejar como legado? ¿Existe alguna forma de garantizar que la vida por venir será cualitativamente mejor que esta vida vivida (valga la redundancia) que nos ha tocado a nosotros? Sin caer en el diálogo en torno a utopías, quizás sí tenga sentido pensar sobre cómo queremos vivir en unas decenas de años, o qué nos tendrían que quitar para no tener mañana. Seguir leyendo…


