De historia, ideas e intenciones
Una tendencia habitual en la historia de la filosofía es tratar de presentar el pensamiento de tal o cual filósofo tal y como éste salió de su cabeza. Ocurre en la secundaria y en el bachillerato: cuántas veces hemos podido oir (y decir) en clase, que cuando fulanito de tal dice esta frase en realidad está queriendo decir esto otro. Esta expresión del “querer decir” nos remite directamente a la intención del autor de turno al emplear tal o cual concepto. Este tipo de planteamientos se ven a menudo sustentados por sofisticados desarrollos filológicos: sesudos estudios que analizan minuciosamente cuántas veces aparece un término, y en qué contextos, a lo largo de toda la obra del autor. En otras ocasiones se utliza como herramienta el sentido de esa misma palabra en autores contemporáneos. A la semántica le acompaña la historia: los fenómenos de cada tiempo marcan límites a las palabras, bajo pena de anacronismo. Se cultiva, en definitiva, un sentido de la fidelidad, que aspira a presentar la filosofía de cada autor tal cual salió de su cabeza. ¿Acaso es esto posible? Seguir leyendo…


