Novela y ensayo
No hace mucho, me comentaba un compañero que ya se había cansado de tanto leer filosofía. Seguía enganchado a la lectura, pero estaba harto de tanto concepto, tanta teoría y tanto ensayo que al final, inevitablemente, conducía a callejones sin salida, sea porque no ofrecen solución alguna o porque saber de filosofía es también, entre otras cosas, ir tomando conciencia de los agujeros de cada texto a medida que se va leyendo, hasta el punto de que no hay texto que soporte la lectura de quien va pensando y repensando sobre lo que lee. El ensayo filosófico, por muchas pretensiones que tenga, no deja de ser más que eso: un ensayo, un intento de dar cuenta de un problema que a menudo trasciende los límites del lenguaje. Y aquí está lo paradójico de la situación: quienes tienen que enseñar filosofía reniegan del género filosófico, entregando su tiempo a la novela. Y lo que es más importante aún: orientando a sus alumnos hacia la novela.


