No quiero empezar hoy
Hoy ha empezado el curso. El ajetreo del primer día ha pasado por encima de todos: profesores, padres, alumnos… Dicho de otra manera: hoy los cuerpos estaban allí, en las aulas y pasillos. Las mentes estaban en otros sitios, alejados, separados por abismos que sólo el tiempo supera. Las clases de verdad empezarán mañana, pasado o al otro. En función de cómo haya regresado cada uno de las vacaciones. Una cosa es la que dice el calendario, y los variopintos gobiernos autonómicos y otra muy distinta el normal discurrir de la vida. Volverá la rutina en unos días: pasillos, clases, exámenes, evaluaciones… pero hasta entonces tenemos que vivir al día y hoy lo que toca es retomar la actividad. Volver a las aulas con un nuevo curso por delante en el que aquello del eterno retorno contará con una particularidad especial: será verdad y mentira a la vez. Todos los cursos se repiten, son iguales. Y al mismo tiempo todos distintos, únicos, irrepetibles. El caso es que un servidor no quería empezar hoy, y por eso la primera anotación estará dedicada a una costumbre muy española: el quejío. Seguir leyendo…


