Descartes no se equivoca, ¿nunca?
Ocurre en filosofía a veces un fenómeno singular: una teoría termina trayendo consigo consecuencias que no se esperaban al principio, que nos sitúan en una posición totalmente alejada de la inicial y que tampoco encaja muy bien con el sentido común. Y es que la filosofía tiene, para bien o para mal, algo de extravagante: según qué tipo de ideas producen cuando menos extrañeza o escándalo. Un ejemplo podría ser Descartes, cuya filosofía trata como punto de partida evitar totalmente el error. No en vano es Descartes heredero del siglo XVI en el que se produce la crisis del modelo geocéntrico y la reforma protestante, con las consiguientes guerras de religión, en las que la mezcla de banderas políticas y credos religiosos dejó una estela de muerte y destrucción por Europa. Acosado por la duda, por el temor a equivocarse, Descartes quiso construir un sistema en el que el error no tuviera cabida.


