El acelerador y la relatividad
La experiencia nos resulta familiar y conocida. Abrimos nuestro coche y nos sentamos en en el asiento del conductor. Abrochamos el cinturón, ajustamos espejos. Llave de contacto y giro. Coche arrancado. La pregunta habitual y que no siempre se suele formular es: ¿A dónde voy? El coche sirve para desplazarme. Me lleva de un lugar a otro: es el espacio lo que está en juego. Esta es la visión cotidiana, la que todos damos por supuesta. En un viaje rutinario, asumimos que nos movemos en un espacio que no cambia, y en un tiempo que tampoco podemos modificar a nuestro antojo. De manera inconsciente, sin habérnoslo cuestionado previamente, aceptamos que el espacio y el tiempo son “absolutos”, independientes el uno del otro. Algo de lo que ni siquiera nos damos cuenta: sin quererlo nos identificamos con ideas y presupuestos presentes en la física de Newton. Sin embargo, el asunto cambia cuando nos animamos a pisar el acelerador. Entonces podría darnos por pensar qué estamos haciendo exactamente cuando pasamos de 100 a 120 km/h.


