Descartes y la ciencia moderna
Una de las máximas aspiraciones del racionalismo consiste en lograr una ciencia unificada. Si la ciencia se construye fundamentalmente con la razón, y esta facultad es única, parece lógico que el saber alrededor de la naturaleza debería ser también uno. O al menos guardar cierta “oganicidad”, de manera que las diferentes disciplinas guarden relación entre sí. Así lo expresó Descartes en un pasaje muy citado, comparando la ciencia con un árbol. La idea cartesiana cobra todo su sentido en los albores de la ciencia moderna, y se convirtió en una de las aspiraciones del racionalismo. Sin embargo, cuatro siglos después hemos tomado ya conciencia de su imposibilidad: en nuestros días la especialización hace imposible recuperar este proyecto: cada una de las ciencias ha progresado de una manera autónoma e independiente, desarrollando sus propias reglas. Los métodos, presupuestos, teorías y resultados de cada una de las ciencias han roto el sueño de lograr una explicación completa de la naturaleza, echando por tierra la ilusión de una razón única, capaz de dar cuenta de todo.


