Siempre nos quedará caperucita
Uno de los lugares comunes de la discusión en torno a la fundamentación moral, citado incluso por Sartre, nos recuerda que sin Dios todo estaría permitido. Nos lo dice Dostoyevski en Los hermanos Karamazov, pero hay precedentes filosóficos, como son los postulados de la razón práctica de Kant. En contra de lo que pensaba Dostoyevski, las sociedades occidentales han ido apartándose paulatinamente de los diversos credos: ya no hay religiones oficiales, y el porcentaje de quienes se declaran ateos o agnósticos ha ido creciendo en las últimas décadas. Sin embargo, no encontramos que la consecuencia directa de este proceso de secularización sea la permisividad o la desintegración moral de la sociedad. Más aún: aquellos que no creen son capaces de encontrar otras razones, bien distintas de las religiosas para mantener un comportamiento moral.


