Imitación y creación
Desde sus inicios, en los que estaba muy ligado a la religión, el arte nos ha ofrecido una copia de la realidad: su función mimética predominaba sobre el resto. Las disciplinas figurativas podían rescatar la realidad de las garras del tiempo: inmortalizar un rostro, un cuerpo, levantar todo un edficio en honor de un ritual o incluso una fecha. La música era capaz de atrapar sentimientos, de expresar ideas y de recrear la naturaleza. Este carácter imitativo, no le resta ni un ápice de valor a la tarea de los artistas clásicos: ponían todo su genio creador en esa tarea, concentrando su talento en los criterios estéticos con los que construían sus obras. Cuando se dice que el arte es imitación, no se está negando su capacidad creadora: hay muchas formas de imitar, y la libertad del artista ha estado presente en su actividad desde que el ser humano comenzó a crear objetos con finalidad estética.


