Blade runner
Conócete a tí mismo. Esta es una de las grandes tareas del ser humano, y no sólo porque lo dijera Sócrates, entre otros, hace ya unos cuantos años. Una tarea para toda una vida también para Rick Deckard en una sociedad llena de incertidumbre, de humanos y de replicantes, máquinas creadas por el hombre, seres “para-empáticos” condenados a las peores tareas. Máquinas que, a la larga, se rebelan y deben ser eliminadas: ellas, más fuertes, más ágiles, más inteligentes. Nosotros, más empáticos. Son los sentimientos los que nos salvan, los que jamás serán alcanzables para las máquinas. Estamos de nuevo, en medio de la película, con la eterna pregunta: ¿qué es el hombre? O de un modo más personal: ¿quién soy yo? Una pregunta aún más atormentadora cuando se vive rodeado de imitaciones casi perfectas, cuando las utopías negativas asociadas a la ciencia ficción parecen haberse realizado


