El show de Truman
Ninguno de nosotros es Truman. Cualquiera que vea la película es sólo eso: un espectador de una película, que se sentará delante de su pantalla de televisión al poco tiempo de salir del cine. Y es que esta película no sólo plantea el problema de la identidad personal, sino que también incluye un mensaje claro a todos los espectadores. Si en el siglo XVII Calderón hizo pensar a su Segismundo si acaso la vida no sería un sueño, la actualización a comienzos del siglo XXI viene a lanzarnos un gran interrogante: ¿Y si mi vida no fuera más que un programa de televisión? ¿Y si todo fuera falso? Dejemos estas preguntas y centrémonos en las que encabezan esta anotación. Porque entre todas las cuestiones filosóficas de esta película, brillan con luz propia los temas de ética: ¿acaso está todo justificado tan sólo por la audiencia? ¿El espectáculo es el justificante último de todas nuestras vidas? Ciertos momentos de la película dan pie a este tipo de ideas.


