Crítica: entre la conservación y el progreso
Hoy vamos a hablar de una palabra tan usada como desconocida: la crítica. Usada, sí, porque todos la oímos demasiadas veces, tantas veces que quizás su abuso sea una forma de debilitar lo que ella implica. No tengo nada claro que corran buenos tiempos para el pensamiento crítico, y sin embargo se nos repite (hasta los políticos lo dicen, y ellos son los menos interesados en este tipo de pensamiento) hasta la saciedad: tenemos que ser críticos. Por eso digo también que es una palabra desconocida. Utilizando su acepción ordinaria (que, curiosamente, es la número 12 en el diccionario de la RAE) tenedemos a pensar que la crítica es descalificación, rechazo y que su fin último es sacar a la luz los defectos de una persona, idea o hecho. Nada más lejos de la realidad, si hablamos de la crítica filosófica.


