¿Está matando el escepticismo a la filosofía?
Puede parecer una contradicción, pero ya se ha convertido en un lugar común aquello de que cuanto mayor es nuestro conocimiento, más grande es también nuestra conciencia de lo que ignoramos. Saber más implica, en cierto modo, saber menos. Saber hasta dónde podemos llegar, dónde están esas fronteras que jamás podremos traspasar. Y no sólo eso, sino que el progreso de la ciencia (nuestro mejor “producto” en el terreno del conocimiento) trae consigo un inquietante descubrimiento: la fragilidad de buena parte del conocimiento anterior. Las viejas verdades son exactamente eso, viejas, y ya no sirven tanto como nos habíamos pensado. El progreso del conocimiento científico pone de manifiesto que tampoco sus teorías son verdades absolutas: hay diferentes modelos y cada uno de ellos nos ayuda a responder preguntas distintas y cuenta con aplicaciones diversas. El relativismo es uno de los signos de nuestro tiempo y viene a actualizar una teoría ya antigua en filosofía: el escepticismo. Anunciar cualquier seguridad o certeza despierta recelo y sospecha y es el punto de partida para el despliegue de todo tipo de argumentos que puedan mostrar la debilidad de esa verdad que se creía firme. Se trata, en realidad, de una actitud propia de la filosofía que sin embargo puede tener consecuencias nefastas para la misma: de tanto ser escépticos, podemos anular la existencia de la filosofía. Seguir leyendo…


