Viajes y filosofía
Que Descartes era un tipo espabilado es algo que no se le escapa a cualquiera que se adentre mínimamente en la historia de la filosofía. Como se suele decir, podrá gustar o no gustar, pero listo era un rato. El caso es que la “academia filosófica” suele prestar mucha atención a la parte de su Discurso del método en la que habla de las reglas del mismo, su aplicación, la existencia de Dios… Y no se presta mucha atención a todo lo anterior, una introducción autobiográfica bien jugosa en la que Descartes propina un palo soberano a toda la filosofía y el saber qué le tocó estudiar (quizás no sean tan distinta esta apreciación de la que suelen hacer algunos de nuestros alumnos). El caso es que en este ponernos en situación, Descartes nos cuenta que hubo un momento en que le dio por viajar. Y es ahí donde aparecer la siguiente cita, que bien merece ser recordada por los amantes de la maleta y el “itinere”.
“[…] es casi lo mismo conversar con la gente de otros siglos que viajar. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos para juzgar las del propio con mayor acierto y no creer que todo lo que sea contrario a nuestros modos sea ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.”


