¿Cómo afecta Internet a la filosofía? (o al revés)
No sé si los filósofos están prestando mucha atención a la red: a juzgar por las novedades editoriales no parece que sea uno de los motivos centrales de la reflexión actual. No sé si esto es un buen síntoma para la filosofía o para la red. Puede que la “eternidad” de las cuestiones que suelen ventilarse en filosofía es compatible con este tejido virtual que muta cada tan poco tiempo, que nos deja anquilosados, atados a herramientas que están superadas antes de desarrollarse por completo. Abrir un abismo entre la filosofía e Internet es una manera más de entregarse a tópicos manidos: la filosofía ha respondido siempre a las cuestiones más urgentes de cada tiempo. A buen seguro es posible (y deseable) una comunicación fluida entre filosofía e Internet: ambos saldrían beneficiados de este diálogo. Basta con darse un paseo por diferentes rincones de la web o por más de un tratado filosófico de rabiosa actualidad para comprobar que ambos, Internet y filosofía, terminarán encontrándose tarde o después. En lo que eso llega, puede tener sentido sugerir algunas vías de comunicación.



