Comer
Suele ocurrir en el terreno de la antropología que los gestos más cotidianos, rutinarios y aparentemente irrelevantes son el fruto de un largo proceso evolutivo, en el que la interacción entre la naturaleza y la cultura ha ido modelando nuestro ser hasta construirnos y transformarnos en lo que hoy (de momento) somos. Un ejemplo muy habitual es el de la comida. Este sencillo gesto encierra dentro de sí una gran cantidad de aspectos culturales e incluso filosóficos en los que a menudo no reparamos. Uno de los conceptos esenciales en toda cultura, ingrediente indispensable de su identidad, es la división que existe entre lo que se puede y no se puede comer. Marvin Harris ha estudiado el asunto a fondo, y nos recuerda en Bueno para comer que nuestras costumbres gastronómicas han sido troqueladas por la cultura a lo largo de siglos y distan mucho de ser naturales. Muchas de ellas pueden estar revestidas incluso de significados religiosos o simbólicos, pero esta dimensión simbólica no esconde los motivos económicos o ecológicos que pueden ser la raíz de ciertos tabúes y prácticas.



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