América como problema filosófico
La filosofía es díscola por naturaleza. Sube y baja, va y viene y habla con unos y con otros. Así que cualquier cosa puede convertirse en un problema filosófico. Algo que ha ocurrido al menos en tres ocasiones con algo tan aparentemente alejado de la filosofía como el continente americano. La primera de ellas, pocas décadas después de la llegada de los españoles. La mentalidad del siglo XV se encontró de repente con un nuevo mundo, expresión que está aquí escrita en su significado más pleno. Inevitablemente era también un nuevo mundo por pensar. Una de las cuestiones más debatidas fue la de la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas. Exaltados de etnocentrismo, se desataron ideas que hoy nos parecen ridículas e insostenibles y que alentaron un auténtico expolio humano y económico que algunos califican como genocidio. Afortunadamente no faltaron otros como Bartolomé de las Casas o Francisco de Vitoria, partidarios de que los indígenes tenían tanta dignidad como los españoles y que sus derechos debían ser respetados. Una cuestión filosófica que bien podría resurgir, juguemos a la filosofía ficción, si de repente descubriéramos vida inteligente fuera de nuestro planeta: ¿Serían considerados humanos? ¿Se les reconocería la dignidad que protegen los derechos humanos?


