Materia, forma y arte abstracto
Llevamos ya varias clases hablando de la filosofía aristotélica, y peleándonos con conceptos como el de sustancia, accidente, materia, forma… El pensador griego insiste en diversos lugares que la sustancia está compuesta por materia y forma: ambas son imprescindibles para que podamos emplear el término sustancia. La consecuencia de esto es doble: por un lado golpea en la línea de flotación del platonismo al negar la existencia de las ideas separadas de las cosas. Por otro lado, parece afirmar también que la materia, de por sí, no es nada. Precisamente porque puede serlo todo: un bloque de bronce es menos “sustancia” que una escultura, porque esta segunda tiene forma. Extraíamos en clase una conclusión complicada: la materia, de por sí, no es sustancia y sólo puede llegar a serlo cuando recibe la forma. Una montaña de virutas no tendría la misma entidad, por ejemplo, que una tabla de conglomerado, creada precisamente a partir de las virutas. Mientras andábamos con estos razonamientos, un alumno inteligente preguntó: ¿Qué tipo de entidad o sustancia es entonces el arte abstracto?


