La libertad del artista
Desde que el hombre comenzó a pintar cuevas y adornarse, tuvo siempre un referente, un tema, un contenido que embellecer. En definitva: el artista contó con una materia, entendida no cómo lo que se usa para hacer arte (pintura, notas musicales, mármol o barro, igual da) sino como aquello que se quería expresar. Según los antropólogos, las primeras manifestaciones artísticas tenían una resonancia religiosa: a través del arte se pretendía honrar a los dioses e indirectamente controlar las fuerzas de la naturaleza. Más ejemplos: existe también un arte mundano y pagano, dedicado a cantar y glosar los placeres de la vida, y otro que se ve obligado a retratar o servir al poder político de cada época: arquitectura pensada para asombrar y acongojar a quien la contempla, subyugado bajo el poder que transmite, o retratistas obligados a convertir los rostros de reyes y nobles en iconos universales de la historia del arte. Tema impuesto desde fuera, que el artista era capaz de trascender y convertir en obras maestras que seguirán siendo admiradas y contempladas siglos después. ¿Impedían estos condicionantes el desarrollo del arte?


