El animal que fabula
Aquella proclama de “la imaginación al poder” no resultaba a mi entender tan novedosa ni tan revolucionaria. Como frase publicitaria puede lograr cierto efecto, para qué negarlo, pero dista mucho de guardar cierta relación con la realidad. Y digo esto porque la imaginación, la fantasía y la fabula forman parte del ser humano desde que éste comenzó a separarse del resto de primates en la escala evolutiva. Somos animales imaginativos, soñadores, fantasiosos. Tan sólo podemos achacar a un olvido imperdonable o a una traición del máximo nivel el que nos consideremos animales racionales o que estemos dispuestos a aceptar que nuestra vida se caracteriza por la racionalidad argumentativa, demostrativa o matemática. De hecho no faltan quienes se muestran convencidos de que la ciencia es una construcción sistemática de la razón, en la que no queda sitio para la pasión, la fantasía o la imaginación. Dimensiones humanas que se desprecian, en el mejor de los casos, como una especie de ocupación didáctica o pedagógica, alejada de la seria y rigurosa actividad del científico profesional. Seguir leyendo…


