La ventana indiscreta
Hace unos días volvían a poner en la televisión uno de los clásicos del cine: La ventana indiscreta. Lo más habitual es quedarse con la trama principal: se trata de una película de intriga en la que se van descubriendo las pistas de un asesinato. Es lo que tiene el aburrimiento y la convalecencia obligada: da tiempo para muchas cosas. Esto es lo que le ocurre al protagonista de la película: tras un accidente no tiene más entretenimiento que mirar por la ventana. Opción que marca ya una distancia respecto a nuestro tiempo: es difícil imaginar que alguien encontrara hoy divertimento en mirar por la ventana, estando a nuestra mano el amplio abanico de “ocio” que nos ofrecen televisiones, radios, y maquinitas de la más diversa índole. Posibilidades técnicas que son, en realidad, otra forma de mirar, más sofisticada y aparentemente moderna. Entrometimiento al fin y al cabo. Porque el ser humano es el animal curioso, que siente el deseo de saber de los demás. Sea a través de una ventana, por medio del correo electrónico o con la llamada telebasura. Vivimos enganchados al resto.



El pensamiento humano se organiza a menudo en torno a oposiciones conceptuales. El choque, el antagonismo y la contradicción son sin duda uno de los lugares comunes del pensar. El color del cristal con el que se piensa nos lleva a un punto de vista u otro y no siempre es fácil encontrar puntos intermedios (otra de las estrategias de la razón, por cierto). Algo de esto es lo que pasa con el individuo y la sociedad. El uno no se puede entender sin la otra, y viceversa. Sin embargo, eso no impide que una de las preguntas de fondo que subyace a toda sociología sea si se puede entender la sociedad simplemente como una mera suma o agregado de invididuos, o si, por el contrario, la interacción social provoca el surgimiento de una nueva realidad, un nuevo todo o unidad que debe ser estudiado desde una perspectiva propia y específica. Pregunta que podríamos considerar secundaria pero que es imprescindible responder (de una u otra forma) para poder fundamentar otros conceptos más cercanos: desde el cambio social a la responsabilidad.