Izquierda, expropiación y moralismo político
Una de las cuestiones más antiguas de la filosofía política trata de establecer la relación existente entre la ética y la política. Y en este ámbito, la tradición marxista siempre ha mantenido una postura de vanguardia. Hay en el marxismo una doble actitud ante la moral: por un lado se la critica como uno más de los elementos de la superestructura, pero por otro se evita cualquier tipo de amoralidad, ya que se habla de la igualdad esencial del ser humano y la solidaridad entre los pueblos. Estos valores están presentes en la formulación del marxismo original y en un principio han impregnado el posterior desarrollo de los llamados partidos de izquierda. Sabemos que estos se han desvinculado ya del marxismo, pero siguen arrogándose una cierta superioridad moral respecto a los partidos denominados de derechas. En su opinión, la izquierda representa una sociedad más justa e igualitaria, mientras que la derecha iría de la mano de las desigualdades sociales y los privilegios



La economía es una ciencia relativamente moderna, como todas, pero una “práctica humana” tan antigua como nuestra capacidad de pensamiento. No parece muy descabellado aceptar que la necesidad es la base de la economía, en tanto que es ella la que nos mueve a buscar recursos y establecer acuerdos, desde un mero trueque a la transacción comercial. La moneda representa, a este respecto, un gran progreso en la historia de la humanidad: establece criterios (más intersubjetivos o sociales que objetivos) para el intercambio de bienes y también para la valoración del trabajo. En cierta manera la moneda representa un mecanismo de distribución entre el mercado de trabajo y el de bienes o productos: en realidad, el salario implica una valoración (social y “monetaria”) de la actividad que se desempeña. Con esa “valoración” (traducida en una cantidad concreta de unidades) acudimos al mercado y accedemos a diversas posibilidades: los precios nos indican qué podemos y qué no podemos comprar. Una armonía prestablecida, absolutamente equilibrada (al menos idealmente). Como se ve, la economía no tiene tanto misterio como se pretende, ¿o sí?