La memoria es una de las facultades humanas más controvertidas en el campo de la psicología. Cuando se habla de otros conceptos, como pueden ser la inteligencia, las emociones o la percepción abundan los enfoques que ensalzan estas capacidades y que nos hablan de su complejidad. La pobre memoria, sin embargo, parece abandonada en el cajón del olvido. Parte de la culpa la tienen los especialistas en aprendizaje: da la sensación de que aprender de memoria no es aprender, y la nueva moda impone la asimilación de procesos y habilidades, así como la comprensión de todo lo aprendido. Hace ya algunas décadas que la memoria parece desterrada del reino del aprendizaje: no se la práctica y la considera una antigualla del pasado. Idea que ha calado también entre el profesorado. “Lo aprende todo de memoria” es una de las sentencias que se escuchan hacia los alumnos que tienden a retener los contenidos sin buscar su comprensión. Como si ninguno de los que dice esta frase hubiera utilizado nunca esta técnica. Disponer de buena memoria no representa hoy ninguna ventaja en nuestro sistema educativo, y puede llegar a ser incluso un lastre, una maldición: estudiar de memoria no es, ni mucho menos, aprender.
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