Creencia y presente
El concepto de “creencia” cuenta con un largo recorrido en la historia de la filosofía. En muchas de las ocasiones ha sido denostado: Platón lo consideraba un conocimiento limitado e imperfecto, y en la tradición racionalista que deriva de sus planteamientos la creencia es sinónimo de falsedad. O se sabe o no se sabe. La creencia marca entonces un terreno difuso, borroso. Es el lugar de las medias tintas. Sólo desde la tradición empirista de muestra cierto afecto a la creencia: no tanto por su valor como conocimiento, sino fundamentalmente porque se pensaba que no podíamos ir mucho más lejos en nuestras investigaciones sobre la naturaleza y el ser humano. Esa “guía de la vida“, en palabras de Hume, volvió a ser relegada a un segundo plano en la Ilustración: por mucho Kant quitara espacio a la razón para cedérselo a la fe, la Ilustración se ha convertido en un símbolo de la razón, en el destierro de los mitos y las creencias. El “desencantamiento del mundo” parece no tener freno, y no faltan quienes dicen que vivimos en el tiempo de la increencia, aplicando el concepto a la existencia de Dios, ahora que los autobuses imparten doctrina. Seguir leyendo…


