Las buenas costumbres
Una de las primeras enseñanzas (y de las más importantes) que recibimos desde pequeños es la de la socialización. Tenemos que aprender a vivir con los demás y esto implica cumplir una serie de normas morales, lo que incluye la puesta práctica de códigos que no siempre están escritos. Hay formas de vida que valen por el simple hecho de que todos los días se están ratificando en la vida cotidiana, sin necesidad de largos discursos, votaciones o disquisiciones teóricas. Un ejemplo de esto es lo que se ha dado en llamar “buenos modales”, un repertorio de gestos, actitudes y comportamientos que deben ser observados si realmente queremos formar parte de la sociedad sin estridencias, sin ser considerados bichos raros. Existen textos que recogen estas costumbres, pero no son una lectura urgente en tanto que nuestro propio entorno (padres, profesores, amigos…) nos está diciendo qué es lo que debemos hacer para comportarnos adecuadamente. La cuestión que quería poner hoy sobre la mesa es la de la relación entre esta “buena educación” y la moral: ¿Es comportarse correctamente garantía de ser moralmente bueno?



El infierno es el otro. Bien podría servirnos esta frase para esbozar el inicio de
¿Qué ocurre cuando la única manera de seguir vivo es romper con tus propios principios morales y colaborar con tu enemigo? La película que quisiera comentar hoy habla de la supervivencia. Sin más adjetivos. La situación que plantea es contradictoria y cruel: supongamos que unos prisioneros de los nazis son recluidos en un campo de concentración y se les pide que falsifiquen moneda (libras y dólares) como única vía de salvación. Conservar la propia vida a través de la técnica y al precio de traicionar a los seres más cercanos y queridos y también las propias convicciones morales. Más de una vez hemos hablado por aquí de los dilemas morales: para algunos compañeros distorsionan la enseñanza de la ética, pues presentan circunstancias extraordinarias. El caso es que hubo periodos históricos, como el nazismo, en los que lo extraordinario se volvió cotidiano, y en los que la categoría de ser humano, con todas sus letras, debía ser demostrada en cada una de las acciones y decisiones. La película de hoy nos habla precisamente de esto.
Durante estos días, todos los