Economía y moral
Llevan los periódicos varios días echando humo con el aunto de la denuncia al director del FMI. Uno de los efectos inmediatos ha sido, según dicen los expertos, la caída de los mercados. Algo que resulta especialmente simbólico, pues nos sirve de ejemplo para una vieja cuestión: la separación entre la virtud, que pertenece al terreno de la moral, y la profesionalidad que se encuadra dentro de lo que ha dado en llamarse “vida laboral”. No importa que sea o no buena persona, lo que importa es que trabaje bien, hemos escuchado decir más de una vez. Un ejemplo muy repetido nos lo ofrece la televisión: House. Mientras cure, adelante con él. Está claro que el caso actual va más allá de la oposición moral/inmoral en tanto que estamos hablando de un delito de agresión sexual, pero de no ser así, la opinión general iría en la misma linea: nos da absolutamente igual lo que el director del FMI haga con su vida privada, siempre y cuando tome las decisiones adecuadas al mando de su organismo. La separación entre vida privada y vida pública tan propia del liberalismo parece plantearnos un problema difícil: ¿Acaso es tan sencillo o razonable que cumpla como “buen profesional” quien no es “buena persona”?


