Laicismo y neutralidad moral
Desde hace un tiempo va cobrando cierta presencia “mediática” una corriente de pensamiento que se autodefine como “laicista”, y que aboga por la eliminación de cualquier símbolo religioso en los espacios y tiempos públicos. Los grados y las maneras son de lo más diverso: desde los que se conforman con una sana distinción entre iglesia y estado hasta los que se muestran partidarios no ya de eliminar crucifijos o juramentos sobre la biblia, sino incluso de replantearnos el calendario laboral/festivo, de manera que ninguna fecha religiosa sea incluida en el mismo. Algo que puede parecernos muy novedoso, pero que en realidad viene de lejos en la historia: un precedente claro está en el positivismo, cuyo intento de sustituir el pensamiento mítico y religioso por el científico fue ampliamente glosado en un artículo de antes de las cenizas. En nuestros días, el laicismo ha ido cogiendo aire gracias a polémicas como la presencia de crucifijos en las aulas o la cuestión del velo islámico. Políticamente, parece canalizarse a través de la ley que ha prometido el gobierno al respecto.


