¿Puede alguien sentirse orgulloso de ser español?

Hace ya algunos años se planteaba en Alemania una pregunta un tanto espinosa: ¿Puede alguien sentirse orgulloso de ser alemán? La cuestión se las traía, planteada sesenta años después de la segunda guerra mundial. El nazismo y el holocausto siguen pesando demasiado en su conciencia colectiva, impidiéndoles cualquier manifestación desmesurada de “orgullo nacional”. Situación que, por cierto, parece estar cambiando en los últimos años. El caso es que esta misma pregunta me vino a la cabeza en la primera quincena de julio, cuando la celebración por la victoria mundialista estaba en su máximo apogeo. Bastaba ver las imágenes de prensa y televisión para darse cuenta de que han sido cientos de miles, si no millones, los que se han sentido “orgullosos” de ser españoles y se han identificado sin reservas con ese equipo de fútbol que ha logrado un triunfo inédito en nuestra historia deportiva. Así que entre banderas agitadas, euforias etílicas y cláxones desaforados me venía a la cabeza la españolización de la pregunta alemana: ¿Acaso puede cualquiera de nosotros sentirse orgulloso de ser español?


