Derecho a la privacidad
Según el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
“Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.”
Se trata este de un derecho singular, en tanto que vivimos en una sociedad en la que la calumnia es casi moneda de cambio y los ataques a la honra y la reputación de las personas aparecen inclluso en grandes titulares de la prensa. La privacidad es vivida de una doble manera en el liberalismo: por un lado se trata de un valor que hay que respetar y proteger, pero da la sensación de que en algunos casos se pudiera convertir en un icono de la furia social, una especie de pim-pam-pum sobre el que descargar iras y frustraciones. Así parece manejarse a la opinión pública, y así también es como parece entretenerse una buena parte de la sociedad.



Llevamos ya varias semanas de revueltas y movilizaciones en algunos países árabes. Occidente mira con expectación y respeto al desarrollo de los acontecimientos si nos fiamos de la versión oficial. Si queremos ser desconfiados, se podría pensar que mueve los hilos por detrás, alentando a unos con la venta de armas, más o menos encubierta, o con estrategias aún más oscuras y escondidas. Independientemente de la interpretación que nos resulte más querida, ahí están los grandes medios de comunicación para servírnoslo todo en bandeja: gracias a los diarios digitales y las redes sociales, podemos “seguir la actualidad al minuto”. Se da rienda suelta a las autopistas de la información, y se moviliza a los mejores analistas de cada bando, que elaboran análisis profundos y sesudos de un país, de una situación, de un conflicto, que hace un mes no interesaba a nadie y que dentro de dos habrá caído en el olvido. Con la reconfortante seguridad, eso sí, de haberlo seguido todo minuto a minuto.
Eso de que el periodismo sea el cuarto poder no es ninguna tontería. Podríamos interpretarlo, incluso, en el sentido de Foucault: igual que el poder político “produce” ciudadanos (sujetos sujetados, agarrados por las ideas que es donde más duele) los medios de comunicación crean no sólo al ciudadano, que para eso están aliados con el poder político, sino también la realidad misma. Un caso bien sencillo y concreto es el siguiente: las noticias educativas. La semana pasada varios medios nos “sorprendieron” a todos con una noticia de calado, algo que nadie conoce: la iniciativa valenciana de informar a los padres por SMS y por Internet. El invento era “revolucionario” se nos decía: se podría estar al tanto en tiempo real de las faltas y notas de los alumnos. ¡Guau! Menudo notición. sobre todo si lo hubieran comentado hace cuatro o cinco años que si mal no recuerdo es el tiempo que se lleva utilizando la informática de gestión como herramienta indispensable en los centros. Cada comunidad tiene su sistema, ciertamente. Pero todas vienen ofreciendo desde hace mucho tiempo este tipo de servicios. ¿A qué viene tanta novedad? Bien sencillo: los que nos informan están desinformados.